La curación húmeda no significa dejar la herida empapada. Significa sostener un ambiente equilibrado en el lecho para que granule sin macerar la piel de alrededor. En úlceras por presión de estadio II y III, ese equilibrio cambia con los días, y el apósito que funcionó el lunes puede quedar corto el jueves.
El primer paso no es abrir el envase, sino mirar. Un lecho rojo y granuloso tolera bien un apósito que retenga humedad moderada. Si hay esfacelo amarillento o fibrina adherida, la prioridad es el desbridamiento y un material que absorba sin pegarse. Si aparece tejido necrótico seco, la curación húmeda sola no alcanza: hay que revisar la indicación con el equipo tratante.
Conviene anotar tres cosas en cada control: color del lecho, cantidad de exudado y estado de la piel perilesional. Con esos tres datos, la decisión del apósito deja de ser intuición y se vuelve comparable entre visitas. En telemonitoreo, esa comparación es la que permite detectar un retroceso antes de que la lesión se agrande.
El hidrocoloide es cómodo en úlceras superficiales con exudado leve o moderado. Se adhiere bien, se cambia cada pocos días y el cuidador lo maneja sin dificultad en el domicilio. El problema aparece cuando el exudado aumenta: el apósito se satura, filtra por los bordes y empieza a macerar la piel vecina.
Una señal simple para decidir el cambio: si al retirar el apósito la piel perilesional se ve blanquecina, húmeda o blanda, el material ya no está controlando el exudado. Ahí conviene pasar a un alginato o a una espuma con borde adhesivo, según la profundidad y la forma del lecho.
El alginato sirve en lechos muy exudativos, con cavidad o sangrado leve al retirar. Absorbe bastante, se gelifica y no requiere una técnica complicada. Su límite es el lecho seco: aplicado donde no corresponde, reseca y frena la granulación.
La espuma con borde adhesivo funciona bien en úlceras planas, de exudado moderado, donde se busca espaciar los cambios y proteger la piel de alrededor. El borde sella, reduce la fricción y evita que el apósito se corra con el movimiento del paciente. Si el exudado es escaso, la espuma puede ser demasiado y conviene volver a un hidrocoloide bien indicado.
Hay dos cuadros que no conviene manejar solo con ajuste de apósito. El primero es la maceración: piel perilesional blanca, blanda, con olor ácido y bordes que se despegan. El segundo es la infección local: aumento del dolor, exudado purulento, enrojecimiento que avanza más allá del borde, olor fuerte o fiebre referida por el cuidador.
En cualquiera de los dos casos, la conducta es registrar con foto, describir el cambio y consultar antes del próximo cambio programado. Esperar "a ver cómo evoluciona" suele costar días de tratamiento y una derivación más urgente. La decisión de apósito es clínica, y el seguimiento remoto está para sostenerla, no para reemplazarla.
Para seguir con el tema, podés revisar otras guías clínicas en la sección de artículos o escribir al equipo desde contacto.